¿Quién pagará por la división de la izquierda?

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Finalmente, aunque ya hace meses, el peor de los escenarios se torna realidad: la izquierda acudirá a unas decisivas elecciones europeas con una división extrema. Permitid que me refiera, con “izquierda”, a aquellas fuerzas que quedan a la izquierda de la socialdemocracia, es decir del PSOE. El PSOE es otra izquierda -quién quiera llamarlo así-, que ha optado por la senda social-liberal de un falso reformismo. A mi entender, claro, y con diáfana humildad.

Creo, y me parece que había una sensación global en ese sentido, que la oportunidad para una candidatura plural, rupturista, de progreso era idónea en estas elecciones europeas. Primero, porque la baja participación puede responder a una movilización menor de las dos grandes fuerzas (PP y PSOE). Segundo, porque el voto en elecciones que se perciben como “secundarias”, como éstas, acostumbra a ser más sincero, más visceral: se opta menos por alternativas moderadas y crea una atmósfera propicia a la experimentación. Tercero, porque el dolor social es extremo, el sufrimiento de la gente ha llegado a unos niveles que justifican los mútuos reconocimientos, las necesarias renuncias y la consiguiente unidad.

Sin embargo, ello no ha sucedido. Las particularidades se han impuesto a la extrema necesidad, al hurto de los derechos sociales, civiles y económicos. Nos adentramos, pues, en unas elecciones europeas con una izquierda dividida a grandes rasgos en tres candidaturas. La primera, “la grande”, Izquierda Plural (como parece que va a llamarse), liderada por Izquierda Unida, que en coalición con Iniciativa per Catalunya Verds, ANOVA y otras fuerzas regionales es la única que tendría garantizada la representación. La segunda, Primavera Europea, encabezada por EQUO y Compromís, que agrupa la CHA y otros partidos menores; una candidatura de corte verde y regionalista. La tecera, PODEMOS, liderada por el politólogo y tertuliano Pablo Iglesias con el apoyo de Izquierda Anticapitalista; una iniciativa popular creada (a priori) desde abajo y con una metodología innovadora.

No me atrevo a opinar acerca de otras candidaturas, como la del Partido X, que tienden a recordarme a partidos liberales del sigle XXI: derechos y libertades con Internet, por Internet y para Internet.

Parece que las encuestas le dan a la candidatura de Izquierda Plural entre el 10% y el 15% del voto, esto es entre 6 y 9 escaños (de 54). No parece haber suerte para las otras dos, pero desde las elecciones catalanas de 2012 me juré no dar nunca nada por sentado – electoralmente. Com simple efecto sumatorio, los porcentajes podrían ascender a 13%-18%, que podría llegar a ser mucho más si la unidad multiplica.

Por tanto, ha ganado la derecha y el immovilismo. Ese es el resultado de las Elecciones Europeas de 2014 en España. Tres voces, tres palestras desde donde comer las migajas que dejan los partidos grandes y la derecha nacionalista. Las tres candidaturas tienen parte de culpa, sin duda. Por más que yo sea miembro de ICV, no implica que no sea crítico con el modo en que la Izquierda Plural no ha  hecho más para sumar.

Pero alguien debería pagar. Cuando la noche del 25 de mayo los resultados salgan a la luz y los resultados de PP y PSOE, muy lejos de Izquierda Plural y UPyD, den como ganadora la Troika y la Gran Coalición en Europa, ¿quién dimitirá? ¿Quién dará la cara, pedirá perdón por 5 años más de dolor y se esconderá en su casa por la vergüenza?

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Carta abierta a la izquierda

Para algunos quedan todavía lejos, y para demasiados serán poco más que una cita sin demasiada trascendencia. Sin embargo, están más cerca de lo que se nos antojan y tienen más relevancia que nunca. Las elecciones europeas.

Esta contienda electoral presentará un reto viejo pero mayor que nunca: la unidad de la izquierda. Esa quimera carcomida por alguna maldición oculta, un mal secular que ha reforzado la compacta unidad de la derecha fortaleciéndola para, aliada con la fallida socialdemocracia, cercenar las oportunidades y las esperanzas de esta Europa en ruinas -en lo moral, en lo económico, en lo político, en lo social-. Continua llegint