Austria should be the last warning: policy change or implosion

austria

The far-right has been making major electoral progress across Europe for years. The onset of the economic and financial crisis proved the European Union’s institutional design was incapable of answering to economic shocks, becoming unable to compensate the loss of sovereignty of member state, especially in terms of monetary policy. Since countries do not control the currency (and the European Central Bank is committed to price stability only, not growth) and this is not compensated with EU-wide fiscal mechanisms that act as automatic stabilizers, the only way crisis countries could gain access to international financing was to accept bailouts with harsh reform agendas attached. This has been deepening the recession not only in the rescued countries, which have witnessed public spending, wages and employment plunge, but to all EU countries, since the spill-over effect has permeated them due to their economic interdependence.

This has caused two different, but still similar reactions in Europe. On the one hand, rescued countries increasingly see the EU as a synonym of austerity and misery. Greeks do not understand why they have to pay for Nea Democratia’s government lying about public deficit. Spaniards fail to understand why their public debt used to be less than 40% of the GDP in 2007 and it sky-rocketed to 100% after rescuing the financial, being citizens liable for a crisis they did not cause. Therefore, rescued countries tend to emotionally and ideologically detach from the EU, although this has translated into pro-European, progressive changes: Syriza in Greece, the impressive debut of Podemos in Spain, a progressive government in Portugal, and the centre-left still in power in Italy. But the critiques to the EU are clearly on the table. Continua llegint

Anuncis

¿Quién pagará por la división de la izquierda?

candidatures

Finalmente, aunque ya hace meses, el peor de los escenarios se torna realidad: la izquierda acudirá a unas decisivas elecciones europeas con una división extrema. Permitid que me refiera, con “izquierda”, a aquellas fuerzas que quedan a la izquierda de la socialdemocracia, es decir del PSOE. El PSOE es otra izquierda -quién quiera llamarlo así-, que ha optado por la senda social-liberal de un falso reformismo. A mi entender, claro, y con diáfana humildad.

Creo, y me parece que había una sensación global en ese sentido, que la oportunidad para una candidatura plural, rupturista, de progreso era idónea en estas elecciones europeas. Primero, porque la baja participación puede responder a una movilización menor de las dos grandes fuerzas (PP y PSOE). Segundo, porque el voto en elecciones que se perciben como “secundarias”, como éstas, acostumbra a ser más sincero, más visceral: se opta menos por alternativas moderadas y crea una atmósfera propicia a la experimentación. Tercero, porque el dolor social es extremo, el sufrimiento de la gente ha llegado a unos niveles que justifican los mútuos reconocimientos, las necesarias renuncias y la consiguiente unidad.

Sin embargo, ello no ha sucedido. Las particularidades se han impuesto a la extrema necesidad, al hurto de los derechos sociales, civiles y económicos. Nos adentramos, pues, en unas elecciones europeas con una izquierda dividida a grandes rasgos en tres candidaturas. La primera, “la grande”, Izquierda Plural (como parece que va a llamarse), liderada por Izquierda Unida, que en coalición con Iniciativa per Catalunya Verds, ANOVA y otras fuerzas regionales es la única que tendría garantizada la representación. La segunda, Primavera Europea, encabezada por EQUO y Compromís, que agrupa la CHA y otros partidos menores; una candidatura de corte verde y regionalista. La tecera, PODEMOS, liderada por el politólogo y tertuliano Pablo Iglesias con el apoyo de Izquierda Anticapitalista; una iniciativa popular creada (a priori) desde abajo y con una metodología innovadora.

No me atrevo a opinar acerca de otras candidaturas, como la del Partido X, que tienden a recordarme a partidos liberales del sigle XXI: derechos y libertades con Internet, por Internet y para Internet.

Parece que las encuestas le dan a la candidatura de Izquierda Plural entre el 10% y el 15% del voto, esto es entre 6 y 9 escaños (de 54). No parece haber suerte para las otras dos, pero desde las elecciones catalanas de 2012 me juré no dar nunca nada por sentado – electoralmente. Com simple efecto sumatorio, los porcentajes podrían ascender a 13%-18%, que podría llegar a ser mucho más si la unidad multiplica.

Por tanto, ha ganado la derecha y el immovilismo. Ese es el resultado de las Elecciones Europeas de 2014 en España. Tres voces, tres palestras desde donde comer las migajas que dejan los partidos grandes y la derecha nacionalista. Las tres candidaturas tienen parte de culpa, sin duda. Por más que yo sea miembro de ICV, no implica que no sea crítico con el modo en que la Izquierda Plural no ha  hecho más para sumar.

Pero alguien debería pagar. Cuando la noche del 25 de mayo los resultados salgan a la luz y los resultados de PP y PSOE, muy lejos de Izquierda Plural y UPyD, den como ganadora la Troika y la Gran Coalición en Europa, ¿quién dimitirá? ¿Quién dará la cara, pedirá perdón por 5 años más de dolor y se esconderá en su casa por la vergüenza?